La crecida del río Paraná está generando un escenario con dos caras para la fauna acuática. Mientras en sectores del valle de inundación, como las inmediaciones del Puerto Reconquista, se observa una importante mortandad de peces por la falta de oxígeno en el agua, el aumento del nivel del río también abre una oportunidad para la reproducción de distintas especies autóctonas.
El biólogo e investigador del CONICET y del Instituto Nacional de Limnología (INALI-UNL), Pablo Scarabotti, explicó que los peces que se observan boqueando en la superficie presentan una respuesta ante la disminución del oxígeno disuelto en el agua.
Este fenómeno puede producirse cuando la creciente cubre terrenos con vegetación que, al quedar bajo el agua, comienza a descomponerse. El proceso se acelera con las altas temperaturas y las bacterias consumen el oxígeno disponible, afectando especialmente a los sectores de lagunas, bañados e islas donde existe menor circulación de agua.
LA CRECIENTE FAVORECE LA REPRODUCCIÓN
Más allá de estos episodios de mortandad, el especialista destacó que los niveles elevados del Paraná durante la primavera y el verano pueden favorecer el ciclo reproductivo de especies como el sábalo, dorado, surubí, patí y boga.
Durante este período, los peces desovan en los cauces principales y las larvas llegan a los bañados y lagunas, donde encuentran refugio y alimento para desarrollarse. La conexión entre estos ambientes aumenta sus posibilidades de supervivencia.
LA ESPERANZA DESPUÉS DE AÑOS DE SEQUÍA
El escenario actual cobra especial importancia después de la bajante extraordinaria que afectó a la cuenca entre 2019 y 2022. Durante ese período, la falta de agua redujo los espacios disponibles para los peces, dificultó su reproducción y provocó una mayor mortalidad.
Según explicó Scarabotti, las condiciones hidrológicas actuales podrían favorecer un período reproductivo importante y contribuir a recuperar las poblaciones de peces en los próximos años.
De esta manera, la creciente deja una situación ambiental compleja: por un lado, episodios de mortandad que requieren atención y seguimiento; por otro, condiciones que podrían resultar fundamentales para la recuperación de la fauna del río Paraná.
El desafío será que los ambientes acuáticos mantengan condiciones adecuadas para que ese proceso natural pueda desarrollarse.