El Senado de la Nación Argentina inició esta semana el tratamiento de un proyecto que propone modificar la Ley de Glaciares, una norma vigente desde 2010 que establece la protección de los glaciares y del ambiente periglacial como reservas estratégicas de agua dulce.
La iniciativa oficial plantea otorgar mayor autonomía a las provincias para definir qué áreas deben considerarse protegidas y bajo qué criterios. Según sus impulsores, el objetivo es compatibilizar la protección ambiental con el desarrollo productivo, especialmente en regiones donde la actividad minera representa una fuente clave de empleo e inversión.
Gobernadores de provincias cordilleranas respaldaron la propuesta, al sostener que la legislación actual resulta demasiado restrictiva y limita proyectos económicos que podrían dinamizar las economías regionales. Desde el oficialismo aseguran que la reforma no elimina la protección, sino que la “actualiza” y la adapta a las necesidades productivas actuales.
Sin embargo, organizaciones ambientalistas, especialistas en recursos hídricos y sectores de la oposición advierten que los cambios podrían debilitar los controles y abrir la puerta a actividades extractivas en zonas sensibles. Señalan que los glaciares cumplen un rol esencial en la regulación del agua y que cualquier flexibilización podría tener consecuencias ambientales de largo plazo.
El debate continúa en comisiones y se espera que en los próximos días el proyecto avance hacia una votación en el recinto. De obtener media sanción, deberá ser tratado por la Cámara de Diputados. Mientras tanto, la discusión vuelve a poner en el centro de la agenda la tensión entre desarrollo económico y preservación ambiental en la Argentina.